viernes, 26 de diciembre de 2008




Cuando te escribo se para el tiempo. Suele ser a las horas en punto. A punto para empezar a escribir las palabras que derrama inspirado el segundero, mientras el paciente minutero espera que se cumplan sus sesenta suspiros. Los minutos, cadentes, gotean en un acompasado y casi monótono ritmo solitario de espera. Mis horas se escriben puntuales, abrazadas por la manecillas del reloj hilando versos, casi sin rozaduras ni cosidos. Engarzo las palabras con el soplo de la brisa que te intuye. Al final, hay tanto de ti que nada queda de mí, pero las horas, puntuales, siguen anunciando que están preparadas para ensartar la guirnalda de segundos en el ojal de minutos de mi deseo.


Publicado: 5-12-08

De una Tortuga



1 comentario:

dintel dijo...

Vaya... qué reloj tan personal.