sábado, 31 de enero de 2009

Jesús Fopiani


Me gusta subir las escaleras zapateando bien fuerte cada escalón. Me encanta escuchar el retumbar del pam, pam, pam de los zapatos en la caja de resonancia del prisma de la escalera. Pienso con qué pie empiezo a subir los peldaños y me doy cuenta que soy de izquierdas, una forma como otra de mostrar un sentimiento. Me produce una cierta alegría este comportamiento infantil. Hay tantas cosas que hago sin premeditación ni planificación. A veces haría más bobadas pero, por edad, no me atrevo. Es tan patético dejar de ser lo que nos hace feliz. Suelo escaparme, siempre que puedo, del cerco del formalismo e intento dar espacio a la niña o al niño que fui. Me reencuentro en las miradas transparentes y luminosas del buen día de cada día y me reconozco en esa fragilidad e inocencia.

De una tortuga
29-11-o9



Llueve en mi ciudad


también


yo lluevo en mí
.

Hoy


cala y duele


y llueve.........


31-1-09




12 comentarios:

Martine dijo...

Es curioso , esta costumbre de zapatear al subir las escaleras, es innata, creo, en todos los niños, lo hacía pero, para alejar mis miedos... lo sigo haciendo, un poco menos fuerte... Y creo que por lo mismo... para ver que sigo viva y comprobarlo...

... Y si del pie izquierdo, como el corazón... ¿Por qué será? ;-)

Muchísimos besitos Inuit!

doctorvitamorte dijo...

Pues a mí me gusta subir las escaleras apenas rozando los escalones,en silencio.Supongo que es por no molestar con el ruido a los demas. Además me molesta el pam pam pam de la caballería subiendo y bajando.
Yo también lluevo en mí. Bueno, ya escampará

Inuit dijo...

Selma,
Como tú bien dices es de comprobación. ¿Queda algo de esas niñas en nosotras? A veces me digo que tanto, pero tanto en mi caso.Es que se me congeló la infancia.
Inuits


Doctor,
Reconozco que lo hago porque vivo en una casa y la escalera es particular, no molesta, lo hago en total privacidad. En las escaleras públicas suelo ser comedida.
Inuits

mjromero dijo...

Si pudiéramos hacer todo cuanto nos viniera en gana como los pequeños salvajes...me temo que ya no, afortunadamente, quizá, estamos domesticadas... auqnue a veces yo aún siento ganas de morder...

y que siga lloviendo... el agua lo limpia todo...incluso el dolor es amortiguado.

besos, como soles, desde mi ciudad, la real que hoy tras lluvia tiene sol.

Inuit dijo...

Alfaro,
¿Es que eres una leona? Seguro que tienes buena dentadura,jaja.
Auroras tornasoladas.
Inuits

Anónimo dijo...

Querida petita. Me apenan tus palabras cuando dices que "duele", porque suelo tener una tendencia a recoger ese dolor de otros; y más viniendo de ti. Aunque no me extrañan esas expresiones, porque la vida es sufrimiento, como ya sabes: el amargo sabor del karma sigue tenazmente nuestros pasos.

Recuerdo ahora un relato que leí una vez sobre un individuo (llamémosle Codorníu) que iba dejándose llevar por la corriente tumbado apaciblemente al sol sobre una barca bocaarriba. El día era tranquilo, los sonidos de la naturaleza lo acunaban pácidamente. Y de pronto, ¡plaf!, un golpe tremendo hace retumbar toda la barca al tiempo que unas gotas de agua -molestas y sucias- le salpican la cara.

(Se incorpora, y observa que otra barca ha chocado con la suya)

Rojo de ira, encolerizado, su mirada busca al idiota que va en el bote para espetarle a gritos todo eso de la culpa, etc. etc.

Entonces, se da cuenta que es una barca vacía que se mueve a la deriva sin tripulante que la gobierne, ni turista al sol que la disfrute.

El tal Codorníu del cuento queda desconcertado. Hay algo dentro de él que no ha podido proyectar en nadie concreto. ¿Qué hacer con esa masa emocional ahora?

Esa es la pregunta que todos los seres humanos tenemos que resolver.

Disculpa que se me hayan ido los dedos. Pero, sé que me comprendes. A propósito:

"En la hierba fresca
el rastro de la serpiente:
sólo otra lo reconoce."

(Otro haiku que no es mío, jeje; pero que ya no recuerdo el autor)

Un beso, petita; que estás hecha una niña, zapateandeo y todo...

Pepe, ¿quizás?

Inuit dijo...

Una rastro reconoce a otro rastro y la hierba les sonríe. Precioso el poema zen.
No te preocupes Codorníu que Inuit respira y respira y sigue respirando.
Un mar de auroras
Inus

I. Robledo dijo...

Amiga, no cambies... No dejes de ser niña... La edad es lo de menos... No cambies...

Salvo que quieras tu cambiar, pero nunca dejes de sentir como una niña.

Un fuerte abrazo

Anónimo dijo...

Jajaja...Nunca deberíamos perder nuestr@ niñ@ interior. Yo no zapateo cuando subo, pero siempre salto los últimos escalones...(claro recuerdo de mis competiciones con mis hermanos, de a ver quién salta más...)

qui sap si... dijo...

Plou si,
també plou aquí,
però el record
el tinc eixut
pensant en tu.
Ets silenci
i jo espero la teva veu.
Ets mirada
i no et veig.
Ets esperança
i no et tinc.
Plou si,
i jo espero
que m’arribi
el teu núvol
i em deixi fèrtil
la rialla.
Plou si,
però mentre arriba
el moment
de ser presents,
et recordo
com els dies passats
febril d’alegria
inquieta i radiant.
Plou si,
però jo t’estimo igual.

sinespacio dijo...

No hay que dejar morir al niño que tenemos dentro, creo que es lo único que nos comunica con la naturaleza, con la espontaneidad... sigue siendo niña Inuit; yo y muchos más, amamos a los niños con el corazón abierto y con alegría.
Un beso

Tawaki dijo...

La edad nos ata a la sensatez hasta que por fin llega un año en el que nos liberamos de las cuerdas y el exceso de planificación.

Un beso.