Se ha escondido
en el bosque de bambú
el viento de invierno"
(Lo dejó Codorníu. Cree que es de Basso)
Papá había plantado brotes de bambú en un rincón del patio. Pronto, los insignificantes brotes se multiplicaron hasta formar un pequeño bosquecillo donde solíamos jugar a su sombra. Cuando las cañas tomaban la altitud de una caña de pescar, papá las cortaba y las dejaba secar. Pasado el tiempo de secado, empezaba la elaboración artesanal de las cañas que luego serían las responsables de las doradas, las lubinas y los sardos, entre otras especies acuáticas, que deleitaban nuestros paladares infantiles. Presenciar como papá sacaba los grandes peces de la cesta de mimbre o del cubo era bellísimo, porque se asemejaba a un espectáculo de magia. Nosotros aplaudíamos con risas y comentarios de lo más variopinto la sesión de ilusionismo que, en nuestro caso, era muy real y muy nutritiva.
Publicado: 29-12-08
De una Tortuga
Publicado: 29-12-08
De una Tortuga

21 comentarios:
Precioso relato lleno de encanto y de magia...
Gracias a ti por ofrecenor este regalo de Codorníu...
Besitos escondidos entre estos mágicos Bambues..
que gusto poder saber tales detalles que al fin y al cabo son los que nos diferencian entre nosotros.
y es cierto..cuanta mágia se esconde en los cestos, cubos y demás cuando no sabes que es lo que puede salir,
un fuerte abrazo
El Bambú me trae recuerdos de mi infancia...bellos todos....
Un besito, Petita...
Huele a verde, a frescor, a paz en tu blog!
Amiga, que relato tan tierno nos has regalado.
Ojala el bambu nos proteja de los frios que se acercan en estos dias proximos.
Un abrazo, Unuit
Haces de las palabras ¡magia!
besitos grandotes....
Cuántas imágenes y sensaciones...me imagino el verano, niñas sin cole y vestidos veraniegos ligeros, corriendo de una lado para otra nerviosas, viendo como los peces brillan al sol.
Perfecto Inuit!
Con un bosque así , no me importaría no ver el árbol
De él nacerá la fuerza de aguante de los valientes....
Con él crecerá la flexibilidad que nos dé la tolerancia....
Besos Petit...
Qué precioso para acabar las vacaciones de Navidad.
Besos.
Hace poco dejé un haiku en mi blog:
En la montaña
y en el llano, quietud:
día de nieve.
Sereno complemeto para tu bosque de bambú.
Un dulce beso, linda Inuit.
Que tono más dulce tiene el relato. Me ha encantado.
"El bambú es igual
por encima y por debajo
de su nudo"
Esa es la gran verdad que enseñaba un maestro zen, cuyo nombre no tuve la precaución de anotar.
(Muy cercano tu texto, como si estuviésemos allí, participando)
Un beso.
Melchor.
Sabes Inuit, que quién se escondió entre las plantas de mi casa fue un rey mago, y ha dejado un regalito que lleva tu nombre.
te animas a salir del frío y acercarte al calor de mi país para buscarlo?
te espero.
besotes y gracias por el cuento tan tierno.
Hace muchos años, en una National Geographic, leí un artículo muy interesante acerca del bambú; le llamaban "The giant grass"= la hierba gigante, por su velocidad de crecimiento. La versión europea es la caña brava, y es un cultivo de infinidad de aplicaciones, incluso como carburante, pero nada de lo que pueda aprovecharse de ella, puede compararse con lo que nos ha dejado pequeña Inuit, la magia en la percepción de unos niños.
Maravillo haiku, como todos (es curioso, pero todavía no he encontrado uno que sea absolutamente malo) y encantador cuento. ¿De una tortuga?
Petons i abraçades.
Que maravilloso relalo! me encantaría estar ahí a la sombra de los bambús y poder presenciar tan maravilloso espectáculo!
Te he pasado a conocer y me gusta mucho tu blog y tus escritos, te seguiré visitando. ^-^
Besos.
Yo tengo una tremenda plantación de aloe vera que comenzó como, supongo, una semilla o un brote. Ahora supera el cantero. Mi tortuga se refugia bajo sus pinches, y mi mamá recurre a él cada vez que alguien sangra, se quema o se inflama.
Ya es parte de la familia.
:)
Pero a qué lugar tan hermoso he llegado!
Es una delicia, un remanso de paz y alegría!
Volveré a seguir leyéndote.
Un beso.
Pues yo no te comentaré sobre el bambú (que también me encanta), te hablaré de la pesca, querida Inuit. A mi padre también le gusta mucho pescar y hace unos meses, después de muchos años, tuve la oportunidad de otra vez, salir de pesca con él. Aunque cada vez hay menos peces, los atardeceres en el barquito siguen inalterables. Si el pez era pequeño, lo volvíamos a tirar al agua para que creciera y los que ya tenían un buen tamaño (muy poquitos), los comimos sin ningún remordimiento. Pescar con caña tiene un encanto especial. La magia sigue igual, aunque pasen los años.
Besos
PD. He detectado un error en el comentario y por eso te lo vuelvo a poner ;), ¡ya sabes cómo me da apuro escribir con errores!! y lo peor es que aún habiéndolos corregido, insisten en hacer acto de presencia, jajaja
Yo era un buen pescador de niño y de agua dulce, entiéndase. Ahora me dan pena y prefiero el solaz del bambú, planta que me encanta y que es una de esas que no puedo ver sin tocarlas.
Me gustó mucho el haiku y el texto. Me parece muy fresco, una pincelada convertida en hermoso recuerdo.
Ciao.
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