Al fondo la sierra de Caldereros
Había dicho que no publicaría y estoy incumpliendo el primer propósito. ¡Qué le vamos a hacer si no soy una linfática!, dicen que soy, por la forma de escribir, una nerviosa con un componente de emotividad que me pierde, una emotividad hacia la baja, hacia un punto de dolor; una forma de disfrutar casi de soslayo. Cuando me he enterado de que algo me era tremendamente liberador, ya no estaba, y así casi siempre. ¡Qué curiosa esta forma dolorida de existir!; pero este día, mi forma de vivir era radiante y luminosa, mi forma de sentir era rebosante de un no sé qué, una sensación de que todo iba a colapsarse y se iba a transformar en un nuevo universo, pero todo quedó en lo que iba a ser.... en las fotos tomadas, el caminar silencioso, la mirada investigadora, la sorpresa saltarina .... en senderos, juncos, vida ...un momento de gran plenitud.
Nos encontrábamos a unos mil cien metros sobre el nivel del mar y sentía su olor, ¡Qué sensación tan hermosa sentirlo desde tan lejos! Sólo lo notaba yo, qué sentimiento tan frustante el no poder compartir las mismas sensaciones desde intensidades, vibraciones o formas semejantes, así, casi siempre. Me lleno de algo y me vacío de ese algo sin el mínimo recorrido compartido.
Escucho mi Dios, mi luz...
Nos encontrábamos a unos mil cien metros sobre el nivel del mar y sentía su olor, ¡Qué sensación tan hermosa sentirlo desde tan lejos! Sólo lo notaba yo, qué sentimiento tan frustante el no poder compartir las mismas sensaciones desde intensidades, vibraciones o formas semejantes, así, casi siempre. Me lleno de algo y me vacío de ese algo sin el mínimo recorrido compartido.
Escucho mi Dios, mi luz...
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