galeriade.com Se calentaba las manos antes de proceder a abrir los huevos. Decía que las yemas les gustaba saberse queridas y que la forma que tenían éstas de comprobarlo era gracias al calor. Su vista detectaba los huevos que pudieran ser objeto de sorpresas. Era una cualidad que había ido desarrollando desde la más tierna infancia. La abuela Nieves tenía en el corral unas seis gallinas ponedoras de diferentes raleas, pero había una en especial que mostraba un cierto encanto. Su cacareo se revestía de tonos inusuales cuando decidía llevar a buen curso su cometido natural. Sabíamos perfectamente que Pepita, la gallina más singular de aquel gallinero, había depositado su bellísimo huevo porque mamá nos avisaba del acontecimiento y nosotros corríamos, como flechas, a buscarlo en turnos establecidos que apuntábamos en un papel que teníamos enganchado con celo en la puerta de la nevera. Antes de ejecutar el ritual casi iniciático del descascarillado cantábamos una cancioncilla. Si la suerte nos había sonreído, ante nuestros ojos de platos había dos yemas gemelas acompañadas de un ¡oh! sorprendísimo. Seguidamente mamá extendía los brazos y con la ternura hecha voz nos decía : - Hoy, para mis cariños, besos de dos yemas.
(para vosotros/as, también)
(para vosotros/as, también)
24 comentarios:
¡Qué generosa era Pepita!
De vez en cuando aún tenemos sorpresas de esas...
Me ha enternecido imaginar la escena... este turno riguroso y el cariño de esta Madre, y de l'àvia Nieves...
Petonets dobles, quadruples... a punt de neu, les clares,lleugeres... suaus...
Como siempre tus textos son transportadores.....Gracias Petit.....
Besos.....
Me ha encantado este espacio..
Un recuerdo vivo,una emoción inolvidable!!.
Saludos
Hoy no me puedo resistir, (tu tienes la culpa) tengo ganas de de hacer pan, galletas, pasteles… de meter las manos en harina y llenarme de ella hasta la cabeza, de cascar huevos, de batirlos, de coger la masa con las manos y estrujar y amasar hasta que este a punto, de que la casa se llene del aroma de los dulces, de notar el cosquilleo en la boca, cuando el perfume que sale del horno te envuelve…
¡Y tengo ganas de darte un beso de una docena de yemas!.
me sonrío...
En primer lugar, gracias por traducir el bellísimo poema del post anterior..
ME ENCANTÓ LEERLO.. Es en verdad un poema hermoso.. Me ha llegado hondo.
Y no menos hondo me ha llegado esta historia de los huevos.. será porque tengo una abuela cuyo recuerdo siempre asocio con mi amor por la cocina y el aroma de las delicias que preparaba..
la cocina es un acto de amor.. ya lo creo que sí.. Como es un acto de amor guardar la comunion con cada milagro de la creación, cuando no nos olvidamos que en todo hay vida..
un gusto leerte hoy..
besos..
por cierto..
me encantó el comentario que dejaste en mi blog..
gracias por compartir aquello conmigo...
Qué bonito, Inuit, ¡Todo!..La abuela, los niños, las gallinas, los huevos de dos yemas y mamá...ella,lo mejor de todo...!
Gracias por ese bello recuerdo que compartes.
Un abrazo
Una ternura de recuerdo envuelta en las yemas de tus dedos.
Pondré más atención al ver los huevos.
Besos.
Graciela
Precioso relato que me retrae a mi propia infancia donde los huevos de campo eran realmente algo exquisito... ¡ y de doble yema en efecto!
Un beso
Ay Petita es precioso... y tierno, y...
Me encanta!
Te doy también besos de dos yemas querida Inuits.
Muac muac
Los recuerdos que pueden salir de un huevo...
De hecho, así viven las cosas del pasado: encapsuladas en pequeños paquetes similares.
La memoria gusta de almacenar los recuerdos agrupados en conexiones de forma ovoidal.
Por eso, si intentas "cascar" uno, se te vienen encima multitud de historias relacionadas con las que no contabas.
Inus, un beso de cuatro.
Codorníu
Lo recuerdo... recuerdo la ilusión al ver ante mis ojos y los ojos de mis hermanos los huevos de dos yemas...
síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii...
había fiesta segura... y los compartíamos... siempre... compartíamos...
un beso preciosa
nariz con nariz
Mi Damita Polar...es tierno, lleno de risas infantiles, de olor a heno...
¿sabes? En mi casa a veces también nuestra madre nos dejaba cascarillar los huevos para ver si tenían dos yemas...
Besitos gemelos para tí también.
Sabes que hacía mi abuela que tenía gallinas ponedoras?..me pasaba los huevos calentitos, recien puestos, por los ojos..decía que era bueno para la vista :)
Que recuerdos me has provocado !! :)
Besitos para ti
El corral està tranquil,
les gallines picotegen aquí i allà,
remenant amb les potes
allò que els hi fa nosa.
S’aturen de tana en tant
i expliquen les novetats
dels darrers vint minuts,
que si un cuc per sota el munt de palla,
que si quatre grans de panís,
que si el gall està més acurat que abans,
que si el porc gruny molt aquesta tarda.
I tornar a començar a furgar
pel terra fins la propera reunió.
Només la Pepita està tensa,
alguna cosa li remou per dins,
mirant nerviosa cap a la finestra
fins que et veu rere els vidres
ufanosa i contenta,
la seva petita ha tornat.
Torna al galliner
i al cap de dos minuts cloqueja exultant,
ho ha fet, ja té l’ou
que et guarda cada dia com un regal,
únic, només per a la seva nena.
Ja tardes, cloqueja més fort fins
que apareixes per la porta,
un grapat de grans de blat de moro
i una carícia,
paraules boniques com només
saben dir-les els infants.
Te’n vas cofoia,
saben que ella no et fallarà.
A dalt obres el trofeu
i ensenyes el regal de dos rovells
i com sempre tots
exclamen un oh!!! rotund.
Mires de reüll per la finestra
i la veus en mig del corral
explicant la gesta i com una reina,
majestàtica,
més ampla que mai,
contenta d’haver-te
donat el millor que té.
Que dulce tu texto
un beso
¿Leíste "Como agua para chocolate"?
Creo que te gustaría.
:)
Besos, Inuit.
Lo bueno, si viene de dos en dos mucho mejor. Me encantó.
Abrazos.
Precioso texto. Y seguro q es verdad, cualquier cosa es mejor con cariño.
Un besico.
los huevos de dos yemas seguirán siendo mágicos, asombrándonos, aun sabiéndolo.
Un beso
Besos de dos yemas... Bendicion...
Recibe tu otro beso de esos, amiga Inuit (que texto tan tremendamente tierno escribiste)
También yo soy de las que recuerdo esos momentos mágicos y tan excepcionales en los que aparecían dos yemas dentro de una misma cáscara... Mi madre los batía con una sonrisa y yo, a su lado, me maravillaba con el descubrimiento...
Besos y burbujas.
sparkling (me mudé de "casa"...).
Verdaderamente entrañable y original. Unas reminiscencias que me llevan a la infancia, ese terreno que identifico con el paraíso.
Abrazos.
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