" A la edad ya no le queda inocencia,
pero la inocencia no tiene edad"
En la luz
He abierto la ventana, hace algunas horas, y el día está como yo, en volandas; un viento que se desparrama a sus anchas, el murmullo de esta pequeña ciudad que anuncia el ánimo festivo de esta noche de fin de año; ya tocaba que se sintiera algo más que la pesadumbre de la crisis, parece que vivimos en un constante velatorio.
¡Qué poco rendimiento me producen los días! Estoy enfrascada en varios asuntos, a parte de los cotidianos de una casa, y como que no hay ninguno que avance según mis criterios.
Sara me envió una carta manuscrita para que le dijera algo y me estoy arrepintiendo de lo bocas que soy. Quién me mandaría airear mis excelencias cuando no las poseo. No sé qué decirle y no paro de consultar libros. Parezco un ratón entre los papeles de una biblioteca desaliñada...
Pero me siento mal. Me he levantado desasosegada y respiro en esos espacios de adagios que tanto me caracterizan. He pensado que son los cambios hormonales de cada mes, pero podría ser esa melancolía de mis nadas cotidianas. Tendría que salir a la calle, a la luz, pero me produce pesadumbre. A veces pienso que alguien me tendría que rescatar con su ímpetu, con sus proyectos, con su creatividad, con sus ilusiones. ¡Qué ilusa! Somos nosotros mismos los que nos tenemos que salvar. Nadie te salva si tú no te salvas, me dijo la maestra.
Ámate por encima de todas las cosas, sálvate, y luego salvarás el mundo. Parece mesiánico, pero quizá tendría que ser mi último mantra de esta noche.
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