
Soy Inuit que vive en el Mediterráneo donde los pulpos son más pequeños y los peces más salados. Mi mar es tranquilo, la mayoría de la veces, pero sufre de temporales del levante y de pocos naufragios, de arenas removidas y de conchas rencontradas. Mi arena, que no compré, pero que amé desde que el mar me abrazó a los dos años, es gruesa, hace cierto cosquilleo y masajea tonificando los pies.
¿Sabes?, yo fue niña del mar, niña de temporal y niña de agua...Decía mamá que mis lágrimas eran más saladas de lo normal por culpa del abrazo del mar a tan temprana edad.
Suelo escuchar su lenguaje íntimo y susurrado desde lejos, lo siento latir y lo recibo sutil y delicado. Desde la distancia me llegan sus esencias e intuyo el anuncio de la primavera en su brisas. Al contemplarlo una emoción nueva y a la vez antigua me cobija y vuelvo a rememorar los años de agua, espuma y sal de la infancia y me siento enormemente afortunada de ser niña, otra vez, acariciada por este mar.
7 comentarios:
Inuit, niña de agua, pordonde vayas llevarás la arena de mar ente tu pelo y el sabor salino de tu voz, llega a mi puero como brisa fresca, aquí donde los pajaros carpinetros hacen su nido en la pared de madera y que resuena como una sirena de barco avizando de su llegada.
Un bello recuerdo de agua el tuyo, húmedo y frágil,sin nafraugios.
Un abrazo azul mediterraneo.
Sergio Astorga
el mar, el amar...
la calidez de la vida, porque es Vida sempre estarán ahí...
una abraçada marina
:-)
Precioso, Inuit, tu Mediterráneo... justo cuando más lo echo de menos.
Un dulce beso niña de mar, niña de temporal, niña de agua.
Mi querida Dama Polar:
Es precioso el texto y parece que las fotos de la Sra. Gárgola iban predistinadas a darle el color a tus palabras. La luz, como acostumbras, la pones TÚ.
Querida sirenita:
Siempre presentí que lo tuyo no fue llegar de París en el pico de una cigüeña.
Más me pega, que una gavina (en catalán me parece una palabra más marinera, sobre todo si canta Marina Rossell)te trajo desde el horizonte, sobrevolando el agua tras la estela de una vela griega.
Como un ánfora de barro aún tierno, quedarías embadurnada de arena y sal en una solitaria playa, junto a un puerto de pescadores.
Hasta que el mar te abrazó, y te convirtió en niña.
Un beso.
Pepe
(Vaya, vaya... con Murakami, cuántas coincidencias)
Sos una sirena con piernas, querida Inuit.
:)
Nadie sabe cuanto me gustaría vivir al lado del mar...
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